Los voluntarios del cuentacuentos pudieron reconectar con la emoción de narrar, aprender nuevas técnicas y descubrir el poder de un cuento bien contado, en su segunda capacitación.
La segunda capacitación de voluntarios del programa Somos Lectores Maipo, Tiempo de Contar, fue una instancia en la que los cuentacuentos volvieron a vivir la magia de narrar y aprender cómo sacar el mayor partido a los relatos y hacer de cada sesión de lectura una experiencia memorable. También sobre la posibilidad de aportar al propio capital cultural de cada estudiante al ampliar los horizontes y conocimientos a partir de cada tema de las lecturas.
Las hermanas Valentina e Inés Correa Prado (expertas en literatura infantil, esta última recién ganadora del Premio Marta Brunet en la categoría Primera Infancia), relatoras de la capacitación, invitaron a reconectar a cada uno con su niñez, a redescubrir la emoción que se siente al escuchar una historia y a recordar que cada cuento (por sencillo que parezca) puede transformarse en una experiencia inolvidable.
Desde el inicio, las relatoras transportaron a un escenario de fantasía. Vestidas de negro y con collares de colores, acompañadas por una mesa decorada con estrellas, iniciaron la jornada con un llamado a volver a ser niños: a escuchar, participar y dejarse llevar por la imaginación.
A través de distintas lecturas, demostraron cómo incluso los cuentos más “simples”, como “Luna”, pueden cobrar nueva vida si son contados con intención, ritmo y emoción. Canciones, mímicas y sonidos se sumaron al relato, recordándonos que la voz, el cuerpo y los objetos pueden ser herramientas poderosas para cautivar a los niños.
“Hoy me di cuenta de cómo un libro que parecía tan simple puede volverse maravilloso”, contó Diana Araete, voluntaria. “Me tocó Luna, Luna, Luna, y al principio lo encontré fome… pero cuando lo vi contado con entonación, canto y gestos, quedé fascinada. Ese será mi desafío: prepararlo bien para lograr que los niños se conecten solo escuchando”.
Uno de los mensajes claves de la jornada fue la importancia de preparar cada cuento con dedicación y amor. Las relatoras fueron claras: no se debe asistir a una lectura si el cuento no ha sido trabajado previamente.Cada historia necesita tiempo, práctica y comprensión para lograr transmitir lo que se desea. “Un Cuentacuentos nunca puede llegar sin haber leído y practicado mucho el cuento. Solo cuando uno hace propio un cuento puede transmitirlo. La emoción es clave: el cuento debe emocionarte a ti para que puedas emocionar al público”, recalcó Valentina Correa.
Durante la capacitación, los voluntarios reflexionaron sobre qué les había llamado la atención del relato. Las respuestas fueron diversas: la música, los sonidos, las canciones entonadas al unísono, hasta la vestimenta, demostrando que cada detalle cuenta.
Otro de los momentos más inspiradores fue la introducción al Kamishibai, una técnica tradicional japonesa de narración conocida como “teatro de papel”. Las relatoras contaron cómo en Japón los narradores recorrían las calles en bicicleta, vendiendo dulces y contando historias con un pequeño teatrillo de madera llamado butai. Este método, que varios de nuestros Cuentacuentos ya utilizan, permite crear un ambiente único, donde las pausas, la voz y el silencio adquieren un rol protagónico. “El tono y el ritmo de la voz son fundamentales. A veces uno se apura o exagera, y hay que aprender a manejar eso. Necesitamos calma para enfocarnos, para transmitir lo que realmente queremos entregar” comentó Isabel Sepúlveda, una de las voluntarias.
También dieron a conocer un ícono que simboliza los pilares fundamentales del cuentacuentos: la estrella de cinco puntas:
- Emoción: lo que genera el cuento en los niños antes, durante y después de escucharlo.
- Mediación: el vínculo entre el narrador, el libro y el niño, donde el objetivo es despertar el amor por la lectura.
- Asombro: la capacidad de sorprender y maravillarse frente a los pequeños detalles.
- Ritmo: la importancia de las pausas, los silencios y la fluidez.
- Buena lectura en voz alta: clara, expresiva y practicada, para transmitir con intención y sin errores.
Las relatoras resaltaron el valor del trabajo que realizan semanalmente los cuentacuentos a través de la lectura en voz alta, ya que ésta tiene múltiples beneficios para para los niños que escuchan: desarrolla la imaginación, enriquece el vocabulario, fortalece la concentración y la escucha, y, sobre todo, sana y conecta.
Desde Cemaipo, agradecemos profundamente a nuestros voluntarios Cuentacuentos por su motivación, su entrega y el amor con el que dedican su tiempo para llevar la magia de la lectura a tantos niños y niñas. Porque contar un cuento no es solo leer palabras: es regalar un momento, sembrar curiosidad y encender en cada niño una luz que puede durar toda la vida.















