Dos nuevas empresas se incorporaron a nuestra comunidad de alianzas con un propósito común: fortalecer su relación con el territorio y generar nuevas oportunidades a través del trabajo colaborativo. Se trata de Calbu y Agrofruta, compañías vinculadas al sector agrícola y agroindustrial que buscan profundizar su compromiso con las comunidades que las rodean.
La incorporación de ambas empresas amplía el ecosistema de organizaciones que trabajan junto a Cemaipo para conectar el sector productivo con estudiantes, establecimientos educacionales y otros actores del territorio. Más que una nueva membresía, la llegada de Calbu y Agrofruta busca abrir nuevas posibilidades de colaboración, aprendizaje y vinculación.
Con 13 años de trayectoria, Calbu es una empresa chilena dedicada a la producción, procesamiento y exportación de nueces con y sin cáscara. Su actividad de agroindustria y exportación llega desde el Valle Central a más de 30 países y cuenta con operaciones e infraestructura en la Región Metropolitana, además de oficinas en Santiago.
Para Robinson Roa, Director Socio de Calbu, la incorporación a Cemaipo se relaciona directamente con una mirada que pone a las personas en el centro. “Nosotros siempre hemos tenido como foco principal las personas, eso es indiscutible. No tenemos otro recurso que tenga más valor. […] Cuando se nos presentó el proyecto, calzaba perfecto como parte de lo que queremos hacer en la comunidad, que no es sólo con la gente que trabaja con nosotros, sino con el impacto que podamos tener con nuestro alrededor”.
Entre los objetivos prioritarios de la empresa está la posibilidad de acompañar y orientar a jóvenes que comienzan a proyectar su futuro. “Las principales expectativas tienen que ver con poder guiar a gente joven, todos lo hemos vivido cuando estamos más chicos. […] Finalmente es una cuestión mutua entre lo que la persona puede darnos y lo que la empresa también puede otorgar a cada persona”.
Para Roa, esta relación también tiene que ver con el rol que cumplen las empresas en los territorios donde están presentes. “Uno como organización no puede estar aislado de lo que pasa al lado de uno o alrededor, tenemos que estar como compañía. […] Tenemos que estar siempre conectados para que esto fluya de manera orgánica y que la incorporación de empresas productivas no se transformen en lo contrario, sino que en un aporte, en sumar a la misma gente como parte de la comunidad”.
Con más de 40 años en el mercado, Agrofruta se dedica a la producción, procesamiento y exportación de fruta fresca, apoyándose en tecnología y procesos eficientes para abastecer mercados nacionales e internacionales. La compañía cuenta con más de 1.200 colaboradores, 11 fundos propios, una planta procesadora y más de 1.800 hectáreas plantadas.
Su incorporación a Cemaipo nace, en parte, de la búsqueda por consolidar su trabajo en responsabilidad social empresarial y fortalecer el vínculo con su entorno.
Así lo explica Loreto Gómez, jefa de Control de Gestión y Cumplimiento de la empresa. Uno de los mayores intereses de Agrofruta está en acercarse a los liceos con especialidades agrarias y generar oportunidades para estudiantes. “La principal expectativa que tenemos es introducir a gente capacitada de los liceos agrícolas en la empresa, porque son personas que realmente ya vienen con preparación extra, capacidades y habilidades que les enseñan y pueden trabajar directamente. Eso es un plus para nosotros”.
Para la empresa, la posibilidad de generar esta conexión también responde a una característica particular del trabajo agrícola: su fuerte vínculo con el territorio. “Es súper buena la propuesta de Cemaipo, vincular a los liceos con las empresas agrícolas. Para nosotros como agricultores nos sirve mucho, los jóvenes vienen con una base y además, es algo muy local”.
La llegada de Calbu y Agrofruta refuerza una de las principales apuestas de Cemaipo: generar puentes entre las empresas y las comunidades de la zona, de manera que las capacidades y experiencias del sector productivo puedan transformarse en nuevas oportunidades para niños, jóvenes y comunidades educativas.
Para ambas empresas, la incorporación representa también una oportunidad de construir una relación más cercana con su entorno y aportar desde aquello que conocen y desarrollan día a día.
Así, la red continúa creciendo con nuevos actores que comparten una misma convicción: una empresa puede aportar al territorio no solo desde su actividad económica, sino también desde sus conocimientos, personas y capacidades.











