Conversamos con Jacqueline Millar, Gerente de Recursos Humanos Corporativo de Empresas Tattersall sobre lo que ha significado su incorporación a Cemaipo.
¿Qué ha significado para Empresas Tattersall con 3 Filiales de Buin su incorporación a Cemaipo?
Ha sido una tremenda oportunidad, porque está muy alineada con nuestra estrategia de sostenibilidad. Desde el área de Recursos Humanos participo en una célula de comunidad, y ya habíamos desarrollado un plan piloto en otra Filial del grupo. El desafío era cómo replicarlo, esta vez en nuestra oficina de Buin con Tattersall Gestión de Activos.
En ese proceso, una amiga que había participado como tutora me conectó con Cemaipo, y todo calzó de manera muy natural. Fue como encontrar el canal perfecto para impulsar lo que queríamos hacer: ser un buen vecino, vincularnos con el entorno y generar un impacto real. Además, se sumaron otras Filiales que comparten el mismo espacio Tattersall Agroinsumos y Tattersall Maquinarias, lo que potenció aún más la iniciativa.
Esto no solo responde a una acción puntual, sino que está profundamente conectado con la cultura de Empresas Tattersall.
¿Qué beneficios han visto al ser parte de esta red?
Principalmente, nos facilita mucho la vinculación. Nos conecta con otras empresas, nos permite compartir experiencias, aprender en conjunto y, sobre todo, acercarnos a la educación, que es uno de nuestros principales focos.
Hoy estamos trabajando activamente en esa línea: contamos con cuatro personas capacitadas como tutores, participamos en programas de mentoría y también abrimos nuestras puertas para pasantías y prácticas. La idea es que los estudiantes no solo conozcan una oficina o instalacion de Tattersall, sino que puedan tener una visión más amplia de la industria.
Por ejemplo, pueden partir en nuestra oficina de Buin y luego visitar otras instalaciones, donde se desempeñan técnicos mecánicos vinculados a camiones, maquinaria y/o automóviles. Creemos que compartir conocimiento y mostrar oportunidades concretas es una forma muy valiosa de contribuir a la formación de los jóvenes.
¿Qué le dirías a otras empresas que están evaluando sumarse a esta red?
Sin duda, las invitaría a hacerlo. Hay un valor muy potente en lo local: en conocer el territorio, a las empresas vecinas y en sentirse parte de una comunidad.
Participar en estas instancias es muy enriquecedor. Se generan espacios de encuentro que uno no siempre imagina. Por ejemplo, hace poco asistimos a una charla sobre la Ley Karin en una empresa de chocolate belga increíble, que está ahí mismo, cerca, y que muchas veces uno ni siquiera sabía que existía.
Ese tipo de experiencias refuerzan el sentido de pertenencia. Te hacen ver que, con pequeñas acciones, uno puede aportar al desarrollo de la comuna —o del territorio en su conjunto—. Y eso, finalmente, es lo que le da sentido a todo este trabajo.







