¿Qué pasa cuando un niño tiene la oportunidad de escuchar por primera vez un violonchelo, una viola o un violín tocados en vivo? Quizás la respuesta sea algo tan sencillo como una luz que se enciende y se convierte en una motivación para aprender.
Esto fue parte de lo que ocurrió el 1 de octubre en la capilla de la Viña Santa Rita, donde cerca de 300 niños y jóvenes se reunieron para disfrutar de un concierto de música clásica y conocer de cerca a los músicos de Loewe Quartett. La actividad fue organizada por la viña, que, además de invitar a los asistentes, se preocupa por entregar más y mejores oportunidades a su comunidad donde está inserta, con el propósito de acercar estas nuevas experiencias culturales a niños y jóvenes del Maipo. Desde el programa Somos Comunidad Maipo articulamos esta iniciativa con los establecimientos educacionales del territorio.
El encuentro reunió a estudiantes del Liceo Cardenal Caro, Liceo Alto Jahuel, Escuela Los Rosales del Bajo, Liceo Lonquén, Liceo Poetisa Gabriela Mistral y Liceo Paula Jaraquemada, quienes durante cerca de 40 minutos pudieron escuchar al cuarteto en un escenario muy distinto al de sus salas de clases.
Los encargados de llevar la música a la capilla fueron los integrantes de Loewe Quartett, un ensamble formado por cuatro músicos de distintas partes del mundo: una violinista y una violonchelista suizas, un violista colombiano y el violinista chileno Bastián Loewe, fundador del cuarteto.
Pero el concierto no terminó cuando dejó de sonar la última nota. Después de la presentación, los estudiantes tuvieron la oportunidad de conversar directamente con los músicos y hacerles preguntas sobre sus trayectorias y su relación con la música. “¿A qué edad comenzaron a tocar?, ¿cómo logran trabajar juntos?, ¿a qué edad terminaron de aprender?”. Esta última pregunta provocó una respuesta, que, de alguna manera, resumió el espíritu de toda la jornada. Bastián Loewe fue claro: “Nunca dejamos de aprender, siempre estamos en constante aprendizaje”.
Y es que, más allá de conocer nuevos instrumentos o escuchar música clásica en vivo, la actividad también buscaba abrir la posibilidad de descubrir y aprender algo nuevo. Para Yasmín Sanzana, directora de la Escuela Los Rosales del Bajo, acercar estas experiencias a los estudiantes tiene un valor que va mucho más allá de una presentación musical.
“Yo creo que es algo trascendente el poder abrir la cultura a nuestros niños y jóvenes. Es maravilloso porque cuando una pequeña hace la consulta de cómo aprender a tocar violín, nos damos cuenta que es tremendamente valioso y significativo para ellos estas instancias de conocer tanto el patrimonio cultural como geográfico, todo lo que tiene que ver con conocer lo que es un violonchelo, una viola, un violín a niños que a lo mejor no tienen estas oportunidades”.
Para Yasmín, además, la experiencia tuvo un componente especial al contar con músicos que desarrollan parte de su carrera en Europa y que llegan hasta Buin para compartir su trabajo. “Eso tiene un significado inolvidable para sus pequeños corazones”, destacó.
La posibilidad de encontrarse con expresiones culturales diferentes también fue resaltada por quienes acompañaron a los alumnos durante la mañana. Sonia López, asistente de la educación del Liceo Cardenal Caro de Buin, reconoce que este tipo de experiencias permite ampliar las perspectivas de los niños y jóvenes: “Creo que a los niños les da una posibilidad de abrirse a otro tipo de aprendizaje, a valorar más las cosas, a ver otro punto de vista de la vida, que existe otro mundo fuera de donde ellos están”.
Desde Viña Santa Rita, Elena Carretero, gerente de Asuntos Corporativos, Sustentabilidad y Turismo, también puso el foco en esa posibilidad de abrir nuevos caminos. Para ella, generar estos encuentros es una manera de “abrirles una ventana, una puerta, ojalá grande, a otro tipo de conocimiento” y, especialmente, de despertar intereses que quizás no habían tenido la oportunidad de explorar”.
A veces, el impacto de una experiencia no necesita demasiadas explicaciones. Victoria, estudiante de tercero básico de la Escuela Los Rosales del Bajo, resumió su impresión de manera mucho más sencilla: “Me pareció muy bonito. Me gustó todo. Y le agradecería a los músicos por enseñarme la música clásica, cómo tocar y poder conocer más instrumentos”.
Quizás ahí está una de las claves de este tipo de encuentros: no saber de antemano qué sentimientos va a despertar en cada estudiante. Para algunos puede ser simplemente una mañana diferente; para otros, el primer acercamiento a un instrumento, a un estilo musical o incluso a una posibilidad que nunca habían considerado.
Para Bastián Loewe, esa posibilidad es precisamente una de las razones por las que las expresiones artísticas tienen un lugar tan importante en la vida. “Estoy convencido de que la música o el arte en general es calidad de vida, incluso si las personas no se dan cuenta de que lo necesitan”.
El músico habla del arte como una forma de escapar por un momento de la realidad, soñar, descubrir y aprender cosas que todavía no conocemos. Y, especialmente cuando se trata de niños y jóvenes, cree que ese encuentro puede ser mucho más significativo de lo que parece. “Yo creo que son oportunidades únicas porque les puede cambiar la vida, puede causar impresiones o inspiraciones a, quizás, hacer otra cosa con tu vida”.
En una mañana de primavera, una capilla se convirtió por un rato en una sala de conciertos, los instrumentos despertaron preguntas y cerca de 300 personas pudieron aproximarse a un mundo que quizás hasta ese momento les resultaba lejano. Porque a veces acercar la cultura no consiste solamente en llevarla hasta un lugar, también significa abrir una puerta para que alguien descubra que existe algo nuevo al otro lado.















