¿Qué tienen en común una vasija, un jarro pato, un peine o una pequeña escultura? Todos pueden convertirse en una puerta para conocer la historia de los pueblos originarios de nuestro país. Eso es precisamente lo que ocurre con el concurso “Pueblos Originarios en Chile”, una iniciativa que desarrollamos junto al Museo Andino, ubicado en la Viña Santa Rita, y que durante septiembre y octubre llegó a las salas de clases de distintos establecimientos educacionales de la zona.
Esta iniciativa forma parte de Somos + Cultura Maipo, programa que busca acercar el patrimonio, la cultura y las distintas expresiones artísticas a las comunidades del territorio, generando experiencias de aprendizaje que conecten a niños con su entorno y su historia. A través de esta alianza con el Museo Andino, buscamos que los estudiantes no solo conozcan el legado de los pueblos originarios, sino que también puedan explorarlo desde la creatividad, la experimentación y el trabajo en equipo.
Sin embargo, la experiencia comienza mucho antes de tomar los materiales y ponerse a crear. Como parte de los contenidos que contempla el programa escolar de segundo básico del Ministerio de Educación, los estudiantes aprenden sobre los pueblos originarios de nuestro país. En esa línea, los cursos visitan el Museo Andino, donde, a través de un recorrido guiado, conocen sus colecciones, sus salones, esculturas, obras de arte y objetos pertenecientes a diversas culturas.
Al salir del museo e inspirados por lo que descubrieron, los estudiantes reciben una invitación especial: escoger una de las piezas que más llamó su atención y recrearla con sus propias manos. Así nace el concurso “Pueblos Originarios en Chile”, que invita a los niños y niñas de segundo básico a observar, investigar y poner en práctica su creatividad para dar vida a sus propias versiones de los objetos que conocieron durante la visita.
Aquí hay algo que hace todavía más especial este proyecto: los estudiantes no trabajan solos. Cerca del 90% de las creaciones cuenta con la participación de sus familias, convirtiendo el proceso en una actividad compartida, donde padres, madres y otros familiares se involucran en la elaboración de las piezas. Entre materiales, ideas y conversaciones, la tarea de recrear un objeto histórico se transforma también en una oportunidad para aprender juntos. El resultado es una muestra diversa de trabajos que reflejan el entusiasmo y la dedicación de cada familia. Vasijas, jarros pato, moais, peines, accesorios y piezas trabajadas en metal son algunas de las creaciones que hemos podido conocer durante esta etapa.
“Me divertí harto haciendo esto y la visita al museo fue lo más genial, nos recibieron con mucho amor, cariño y respeto”, cuenta Isidora, alumna de segundo básico del Liceo Gregorio Morales Miranda, quien compartió su experiencia luego de participar en la iniciativa con su vasija de greda.
Una experiencia similar vivió Isabella, alumna del Liceo Clara Solovera de San Bernardo, establecimiento que participa por primera vez en el concurso. Como curso, crearon jarros utilizando un globo, cartón y témpera. Sobre el recorrido entre el museo y la creación del objeto, cuenta que: “Me encantó el proceso porque es entretenido, me divertí mucho y es algo diferente que nunca habíamos hecho”.
Para Gloria Aravena, profesora de la Escuela Haras Los Cóndores, la experiencia también ha sido muy provechosa y favorable para los estudiantes, ya que han podido aprender mucho más sobre la cultura de Chile y potenciar sus dotes artísticos.
Durante septiembre y octubre, desde Cemaipo visitamos los establecimientos participantes para conocer los trabajos realizados y seleccionar aquellas piezas que formarán parte de una exhibición especial en el Museo Andino. En esta edición participaron 23 establecimientos educacionales de la zona: Escuela María de los Ángeles, Escuela Rosales del Bajo, Escuela Valdivia de Paine, Escuela Viluco, Escuela Villaseca, Liceo Alto Jahuel, Liceo Cardenal Caro, Colegio San Gennaro, Escuela Javier Eyzaguirre, Liceo María Carvajal, Colegio Challay, Escuela Hermanos Sánchez Cerda, Escuela Francisco Letelier Valdés, Escuela Elías Sánchez Ortúzar, Escuela Colonias de Paine, Escuela Carmen Reveco, Liceo Gregorio Morales Miranda, Liceo Hugo Pino Vilches, Liceo Poetisa Gabriela Mistral, Liceo Lonquén, Colegio Calera de Tango, Escuela Haras Los Cóndores y Liceo Clara Solovera.
Cada trabajo tiene algo distinto que contar: algunos destacan por sus materiales, otros por los detalles de su elaboración y muchos por el esfuerzo compartido detrás de cada pieza. El proceso finalmente se convierte en algo más que solo una competencia, ya que permite reconocer la curiosidad de los estudiantes y la dedicación de quienes los acompañan.
El recorrido tendrá su cierre a fines de noviembre, con una ceremonia de premiación en la que se reconocerán los trabajos seleccionados. Las creaciones ganadoras permanecerán en el Museo Andino hasta enero, formando parte de una exhibición especial abierta a sus visitantes.
De esta manera, aquello que comenzó como una visita escolar y continuó en las casas y salas de clases llegará nuevamente al museo, esta vez de la mano de sus propios protagonistas. Acercar a los niños a la historia también significa darles la oportunidad de observar, hacer preguntas, experimentar y crear, y cuando ese aprendizaje se comparte en familia, los objetos dejan de ser solamente piezas de museo para convertirse en historias que cada nueva generación puede descubrir y reinterpretar.

















